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martes

EL RIO DE LA IRA


 El río de la ira es un libro compuesto por seis relatos ambientados en el salvaje oeste, un territorio literario poblado de pistoleros solitarios, mujeres fatales, asaltos, venganzas y duelos a muerte. Desde el primer cuento, el autor demuestra un claro afecto por la estética clásica del western: paisajes áridos, pueblos polvorientos y personajes que viven al filo de la ley. Esa fidelidad al imaginario del oeste americano es uno de los puntos fuertes del libro, ya que consigue recrear una atmósfera reconocible y atractiva para el lector...

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miércoles

NO DISPARES AL MUERTO


NO DISPARES AL MUERTO es una colección de once relatos del Viejo y Salvaje Oeste, cuando las voces callaban para dejar hablar a las pistolas.

Toda la parafernalia de los duelos, las peleas, los buenos y los malos, los bandidos y los agentes de la ley, las cantinas y los "saloons", la vida y la muerte separadas por décimas de segundo, bajo el sol abrasador del sudoeste americano...la caza sin cuartel de un hombre por otro hombre; la muerte legislada por oscuros códigos innombrables en las calles polvorientas de un poblado acosado por la soledad en medio de una inmensa pradera; la irrupción de un vaquero sediento en el enrarecido y humeante interior de una cantina; la estampida de las reses enloquecidas por el desencadenamiento de una tempestad...

Relatos adolescentes sobre una época legendaria, tan épica como improbable, pero que tuvo su impacto en el origen de la afición a la lectura en la década de los sesenta.

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sábado

PALABRA DE PISTOLERO


Eran siete hombres y en los colts de Kane quedaban nueve balas.
Esperó hasta que los pistoleros llegaron a sus caballos y se dispusieron a
montar. Entonces golpeó con el cañón de su arma la sien de Colby, sacó su otro
revólver y vació los tambores de sus dos colts sobre los fáciles blancos que
ofrecían las espaldas y las cabezas de los hombres del mestizo.

Las balas que impactaron en las espaldas de aquellos bandidos tenían orificio de
salida, y las que llegaron a las cabezas las reventaron en explosiones de sangre.

Entonces, Peacemaker recargó uno de sus revólveres y se acercó hasta ellos.

Sonaron otros tres disparos, porque el pacificador no solía dejar ningún cabo
suelto. La calle se había convertido en un cementerio sangriento, aquellos
cuerpos destrozados esparcían su sangre y su carne por el polvo en una visión
espeluznante, macabra, como si la Muerte hubiera hecho una parada en Silver
City de camino hacia el Infierno.

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martes

LOS HEROES SOLITARIOS


A los nueve años escribí mi primer relato del Oeste: "El infalible Farrow". Durante los siguientes siete años escribí muchos más, siendo el último "El demonio en el Shanto”.

Recuerdo con mucho cariño aquellos años y aquellos textos, repletos de tiros, pistoleros y duelos a muerte, de buenos y malos, de extensas llanuras y estrechos desfiladeros, de sucias cantinas y lujosos salones, de cazadores de recompensas y sheriffs heroicos, de vaqueros camorristas y caciques despiadados, de cacerías salvajes y disparos de todos los calibres...vistos y escritos por un niño que creía en la infalible puntería del Colt del héroe solitario.

Aquí están algunos de aquellos relatos, los que milagrosamente conservé durante mucho tiempo, tal y como los creé, con sus errores sintácticos de todos los calibres, como variados eran los calibres de las armas que los pistoleros llevaban al cinto, prestos a desenfundar ...¡y hasta con faltas de ortografía!

Así fue como los escribí, con pluma y tintero, en aquellos cuadernitos verdes que nos daban en el Colegio y así quiero que aparezcan en esta recopilación, porque quizá uno de los encantos que puedan tener estas historias infantiles sea ese, su espontaneidad y su absoluta falta de rigor literario.

Incluyo al final un par de relatos más, escritos mucho después pero al estilo de entonces, porque al releer aquellas novelitas sentí la tentación de desempolvar los viejos revólveres y volver al Sudoeste.

Y no pude resistir la tentación.

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