sábado

PALABRA DE PISTOLERO


Eran siete hombres y en los colts de Kane quedaban nueve balas.
Esperó hasta que los pistoleros llegaron a sus caballos y se dispusieron a
montar. Entonces golpeó con el cañón de su arma la sien de Colby, sacó su otro
revólver y vació los tambores de sus dos colts sobre los fáciles blancos que
ofrecían las espaldas y las cabezas de los hombres del mestizo.

Las balas que impactaron en las espaldas de aquellos bandidos tenían orificio de
salida, y las que llegaron a las cabezas las reventaron en explosiones de sangre.

Entonces, Peacemaker recargó uno de sus revólveres y se acercó hasta ellos.

Sonaron otros tres disparos, porque el pacificador no solía dejar ningún cabo
suelto. La calle se había convertido en un cementerio sangriento, aquellos
cuerpos destrozados esparcían su sangre y su carne por el polvo en una visión
espeluznante, macabra, como si la Muerte hubiera hecho una parada en Silver
City de camino hacia el Infierno.

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